PISA 2025: qué hacen los sistemas que sí funcionan, a quién no conviene copiar y cuánto le falta a Chile en cada palanca
PISA 2025 dejó a Chile en 403 puntos en matemática, su mínimo histórico. Con tres lentes, 10 de 83 sistemas funcionan; Chile no pasa ninguna, y su distancia con ellos está en la sala, no en el gasto: distracción con dispositivos (47,9 % frente a 23,3 %) y atraso. Pero 13,2 % de sus estudiantes más pobres es resiliente, sobre el promedio OCDE.
Con tres lentes verificables, 10 de 83 sistemas funcionan; Chile no pasa ninguna
PISA 2025, publicado el 8 de septiembre, dejó a Chile con 403 puntos en matemática, su mínimo histórico y 60 bajo el promedio OCDE; 59,2 % de estudiantes bajo el nivel básico (OCDE: 34,9 %), y un cuartil socioeconómico más rico que, con 447 puntos, rinde como el más pobre de Polonia (448). Chile empata con Uruguay en la cima de Latinoamérica (405 frente a 403, diferencia no significativa) y rinde 23 puntos bajo lo que predice su ingreso.
Para no elegir modelos por reputación, aplicamos tres lentes explícitas a los 83 sistemas comparables, en matemática, el área más débil de Chile. Un sistema que pasa dos o más funciona por algo más que su dinero o su historia. Son 10: Japón, Singapur, Corea del Sur, Estonia, Reino Unido, Canadá, Polonia, Lituania, República Eslovaca y Turquía; Japón pasa las tres. Chile pasa 0 de 3. Las lentes dicen dónde mirar, no qué copiar al pie de la letra.
- Equidad con excelencia. Puntaje al menos igual al promedio OCDE (463) y brecha entre el cuartil socioeconómico más alto y el más bajo no mayor que la de la OCDE (83). Japón (525) la pasa; Singapur (563) no, por su brecha; Chile (403, brecha de 70) tampoco: su brecha es chica porque casi nadie rinde alto, y eso no es equidad.
- Mejoró o resistió la década. Subió, o cayó menos de 10 puntos, entre 2015 y 2025, cuando el promedio OCDE perdió 22. Turquía (+41) y Singapur (−1) la pasan; Finlandia (−42) y Chile (−20), no.
- Rinde sobre su ingreso. Obtiene al menos 25 puntos más de lo que predice el PIB per cápita de su país (r = 0,82 entre ingreso y puntaje). Vietnam (+58) y Polonia (+38) la pasan; Chile, 23 puntos bajo lo esperado, no.
Turquía, par de Chile por ingreso, no cayó mientras la OCDE perdía 22 puntos
La lente de mejora es la más exigente. Entre los sistemas sobre 440 puntos, solo Turquía (+41) y Emiratos Árabes Unidos (+25) subieron entre 2015 y 2025; Singapur, Corea del Sur, Reino Unido, República Eslovaca, Estados Unidos, Japón, Lituania y Croacia resistieron con caídas menores a 10 puntos. Chile cayó 20. Japón es el único que pasa las tres lentes, pero su ingreso y su historia están lejos de los de Chile.
Turquía, país OCDE con un PIB per cápita similar al chileno, pasó de 421 puntos en 2015 a 462 en 2025, con cobertura estable (69,9 %–72,2 %), aunque uno de cada cuatro jóvenes sigue fuera de la prueba. Una cautela: 2015 fue un año bajo (448 en 2012) y desde 2012 la mejora es de 14 puntos. Pero no cayó. No es un modelo que copiar; es la prueba de que, con el ingreso de Chile, bajar no está escrito.
Finlandia perdió 76 puntos desde 2003, y el gasto no separa a quienes funcionan
Entre los sistemas que en 2015 rendían al menos como la OCDE de hoy, los que más cayeron hasta 2025 son Eslovenia (−50), Noruega (−50), Finlandia (−42), Alemania (−42) y Dinamarca (−40): cuatro de cinco, nórdicos o germánicos de alto gasto. Finlandia, el modelo que Chile miró durante dos décadas, pasó de 544 puntos en 2003 a 469 en 2025, apenas 6 sobre el promedio OCDE. El puntaje dice cuánto cayó, no por qué; pero ya no respalda su reputación.
El gasto tampoco separa: entre gasto público en educación y puntaje en matemática, r = 0,16 sobre 82 sistemas. Suecia gasta 7,3 % del PIB y obtiene 464; Japón, 3,3 % y 525; Chile, 4,9 % y 403, y destina 18,4 % de su gasto público total a educación, el segundo más alto de la OCDE con dato. El dinero importa donde se gasta muy poco; al nivel de la mayoría de la OCDE, donde está Chile, cómo se gasta pesa más que cuánto.
La distancia de Chile con los que funcionan está dentro de la sala
Medida en desviaciones estándar entre sistemas, la mayor distancia de Chile con la mediana de los 10 que funcionan está en la distracción con dispositivos en clase (2,5; Chile 47,9 % frente a 23,3 %) y el atraso al colegio (2,2; 67,7 % frente a 46,0 %): Chile es el país OCDE donde más estudiantes se distraen y llegan tarde. Siguen el clima disciplinario (1,2) y el apoyo de la familia (1,0). Ninguna de las cuatro se compra con presupuesto.
En gasto por estudiante (0,7; 8.367 frente a 12.908 dólares) y salario docente (0,2) la distancia es menor: una década después de la Carrera Docente (Ley 20.903), el salario es una palanca donde Chile ya hizo la tarea. Tampoco falta tiempo: Chile tiene 1.056 horas de instrucción obligatoria al año en secundaria baja, sobre las 909 de la OCDE. La distancia no está en cuántas horas hay, sino en cuántas son clase.
Chile, además, supera a los que funcionan en perseverancia (0,35 frente a −0,04), curiosidad, apoyo del profesor (0,45 frente a 0,16) e inasistencia de un día completo (7,0 % frente a 18,6 %). Asistir y llegar a la hora son conductas distintas: el estudiante chileno casi no falta, pero es el que más tarde llega de la OCDE.
Chile ya legisló sobre dos de las cuatro palancas; la puntualidad sigue sin dueño
La OCDE resume sus recomendaciones en el Volumen I: expectativas altas en lectura, matemática y ciencias; profundidad antes que amplitud; currículo, enseñanza y evaluación alineados; docentes capaces de explicar con claridad y manejar una sala; recursos según necesidad, algo que Chile institucionalizó en 2008 con la Subvención Escolar Preferencial (Ley 20.248), y aulas libres de distracciones digitales evitables. Coincide con la distancia medida: distracción (2,5), clima (1,2) y apoyo familiar (1,0). Nada de eso pide más presupuesto.
La Ley 21.801 prohíbe el celular en clases desde marzo de 2026, después de que PISA se rindiera en Chile (septiembre y octubre de 2025): el 47,9 % es su línea de base, no su evaluación. Y la ley sola no garantiza el cambio: antes de ella, 58,5 % ya estudiaba en colegios que prohibían el celular (OCDE 49,5 %) y la distracción igual era la más alta; entre 83 sistemas, prohibirlo se asocia a −3,2 puntos, indistinguible de cero.
La Ley 21.809, de convivencia, crea un coordinador con dedicación exclusiva en cada establecimiento que recibe aportes del Estado: apunta al clima. El Mineduc respondió a PISA con el programa Chile Aprende y Avanza, para lectura y matemática. La puntualidad (2,2) y el apoyo familiar (1,0), en cambio, siguen sin instrumento a la vista.
Para leer los rankings: Chile mide al 94,9 % de su cohorte; Uruguay, al 76,2 %
La muestra chilena de PISA 2025 representa al 94,9 % de los jóvenes de 15 años, frente a 86,5 % en 2022 y 79,4 % en 2015: 16 puntos porcentuales más que hace una década. Una cobertura mayor tiende a incorporar estudiantes de menor rendimiento, así que parte de la caída chilena ocurre mientras el país deja de excluir de la medición a jóvenes que antes no estaban. La OCDE publica la cobertura, pero no ajusta los promedios por ella.
Uruguay, que empata con Chile, representa al 76,2 % de sus jóvenes, 8 puntos porcentuales menos que en 2022 (84,5 %); El empate se produce midiendo Chile a casi toda su cohorte y Uruguay a tres de cada cuatro. No es una corrección exacta —nadie sabe cuánto rendirían los que no están—, pero por eso leemos con cautela las mejoras con cobertura baja y damos más peso a las de Georgia o Turquía, que no redujeron a quién miden.
Ni el cuartil más rico en colegios pagados alcanza al más pobre de Singapur
El cuartil socioeconómico más rico de Chile rinde 403 puntos en matemática si estudia en un colegio público, 436 en un particular subvencionado y 486 en un particular pagado: ni este último alcanza al cuartil más pobre de Singapur (503), y apenas empata con el de Japón (486). Solo 51,7 % de ese cuartil en colegios pagados alcanza el Nivel 3, sobre el promedio OCDE; en el público, 16,1 %. En lectura, el mismo grupo del pagado sí rinde alto: 524 puntos.
Donde Chile ya funciona: más resilientes que la OCDE, pero con un techo bajo
La OCDE llama resilientes a los estudiantes del cuartil socioeconómico más bajo que rinden en el cuartil superior de su propio país. Con esa definición, 13,2 % de los estudiantes chilenos más pobres son resilientes en matemática, sobre el 11,8 % del promedio OCDE: Chile es 10º de 37 países OCDE, por encima de Japón, Estonia o Corea del Sur. Dentro de un sistema que rinde mal, un estudiante pobre tiene una probabilidad comparativamente alta de llegar arriba.
La trampa: la definición es relativa, y el cuartil superior chileno empieza en 458 puntos, bajo el promedio OCDE (463) y el Nivel 3 (482 puntos). Con una vara absoluta, alcanzar el Nivel 3, 6,0 % de los estudiantes chilenos más pobres son resilientes: la mitad del 12,3 % que da nuestro cálculo relativo sobre microdatos, consistente con el 13,2 % oficial. Chile es 2º de Latinoamérica (Uruguay 7,1 %, México 3,5 %, Argentina 2,6 %); Letonia, par por ingreso, sube de 13,4 % a 29,3 %.
El área importa: con la misma vara, 21,6 % del cuartil más pobre alcanza el Nivel 3 en lectura, frente a 6,0 % en matemática. El problema chileno es la enseñanza de la matemática en toda la distribución. Y la resiliencia no es patrimonio de una dependencia: 10,2 % en colegios públicos y 14,2 % en particulares subvencionados, una diferencia no significativa (z = 1,3).
A los resilientes los distingue la mentalidad, no haber repetido y la puntualidad
Frente a sus pares del mismo cuartil, a los resilientes chilenos no los distinguen las pantallas (52,4 % frente a 51,2 % se distrae con dispositivos), el apoyo del profesor (0,49 frente a 0,46), la familia, los libros en casa, el preescolar ni la prohibición del celular. Los distingue la mentalidad de crecimiento: 79,2 % frente a 58,6 %, más incluso que el cuartil más rico (73,4 %); y 82,4 % se esfuerza más cuando el trabajo se pone difícil, frente a 65,0 %.
También la trayectoria: solo 5,1 % repitió alguna vez, frente a 17,7 % de sus pares, en un país donde repetir sigue siendo habitual aunque el Decreto 67 de 2018 lo volvió excepcional. Y 25,3 % llegó tarde tres o más veces en dos semanas, frente a 36,1 %. En perseverancia (0,48) se parecen al cuartil más rico (0,52). El colegio pesa menos de lo esperable: sus colegios son algo menos segregados (32,8 % de compañeros del cuartil más pobre, frente a 39,8 %).
La dirección causal no está establecida: rendir bien puede alimentar la mentalidad de crecimiento tanto como al revés. Pero son palancas trabajables dentro del colegio, y Chile ya tiene un 13,2 % de estudiantes pobres que las encarnan. La pregunta no es cómo importar Estonia, sino cómo hacer que el 87 % restante del cuartil más pobre se parezca a ellos. El informe del 24 de septiembre desagrega los resultados de Chile por dependencia, cuartil socioeconómico y género.
Qué cambia en la gestión: referentes con criterio, distancia propia y vara absoluta
Nada de esto pide importar un modelo ni más presupuesto.
- Elegir referentes con criterio: antes de citar un sistema, verificar que pase al menos dos lentes. De 83 comparables, 10 lo hacen; Finlandia, el más citado en Chile, perdió 76 puntos desde 2003.
- Medir la distancia propia donde Chile está más lejos: distracción con dispositivos en clase (47,9 % frente a 23,3 %), atraso (67,7 % frente a 46,0 %) y clima. Se observan en cualquier establecimiento y no requieren presupuesto adicional.
- Anclar cada palanca en el instrumento que ya existe: las leyes 21.801 (celulares) y 21.809 (convivencia) y el Decreto 67 (repitencia excepcional) ya rigen. La tarea del sostenedor es medir si cambian la conducta, sobre todo la puntualidad, que sigue sin instrumento.
- Cuidar lo que ya funciona: perseverancia, curiosidad, apoyo del profesor y asistencia (inasistencia 7,0 % frente a 18,6 %). Cualquier intervención sobre disciplina y dispositivos debe preservarlas.
- Contar resilientes con vara absoluta: fijar como meta la proporción del cuartil más pobre que alcanza el Nivel 3 (hoy 6,0 % en matemática y 21,6 % en lectura), no la que llega al cuartil superior nacional, cuyo umbral (458 puntos) está bajo el promedio OCDE.
- Leer los rankings con la cobertura al lado: Chile mide al 94,9 % de su cohorte; Uruguay, al 76,2 %.
Fuente: OCDE · PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students · elaboración DATAeduca.